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1 jun. 2010

Diálogo estratégico entre China y Estados Unidos para ajustar la economía del mundo

Dmitri Kósirev (RIA NOVOSTI)  Hasta el momento, Pekín ha invertido en el exterior 200 mil millones de dólares, una cifra colosal que significa que China es uno de los mayores inversores del mundo, un socio con el que no se puede bromear. Cuesta mucho establecer los resultados concretos de la segunda ronda del Diálogo Estratégico y Económico entre EEUU y China que finalizó el pasado 25 de mayo en Pekín, y que supuso la continuación de la primera ronda celebrada en Washington en julio del año pasado.
Esta vez, los chinos y estadounidense no sostuvieron negociaciones diplomáticas, tampoco concertaron los términos de un tratado, ni celebraron un evento protocolario separado. En Pekín continuó un intercambio de opiniones destinado a encontrar fórmulas que permitan a los dos países más poderosos del mundo compartir sus prioridades estratégicas.

La conclusión fundamental que se puede hacer de la reunión de Pekín es que ninguna de las dos potencias se arriesgará a emprender ningún paso, sin tener en cuenta la opinión de la contraparte. Esto quedó muy claro, y tal vez por eso, se explica la precaución y responsabilidad que demostraron los chinos y estadounidenses en la cita de Pekín.

Sin mucho entusiasmo, la prensa estadounidense comentó que la mitad de la administración estadounidense tuvo que viajar a Pekín. Puede ser que no fue del todo la mitad, pero lo seguro fue que la delegación estadounidense estuvo integrada por cerca de cuarenta funcionarios encabezados por la secretaria de Estado Hillary Clinton y el secretario del Tesoro Timothy Geithner. Más o menos esa misma cantidad compuso la delegación china en la que participó el presidente Hu Jintao.

A juzgar por la declaración final, al menos en términos generales, las partes llegaron a un acuerdo sobre el asunto central de la agenda. EEUU eliminará las restricciones a la exportación de alta tecnología a China, o por lo menos, las suaviza, y los detalles se revelarán el próximo verano.

Fue un paso primordial para los dos países, incluso indispensable para ambos, porque la actual estructura de sus relaciones comerciales se encuentra en un callejón sin salida.

Conocido por todos, este modelo fue considerado como el eje principal de la economía mundial hasta 2009 cuando estalló la crisis. EEUU inyectó en China inversiones que hoy día ascienden a 63.100 millones de dólares, la mayor parte en la industria china dedicada a la fabricación de productos para el mercado estadounidense.

En consecuencia, EEUU acumuló un importante déficit comercial ante Pekín (226.000 millones de dólares antes de comenzar la crisis). China trató de atenuar la situación, destinando ese dinero a la compra de bonos del tesoro norteamericano, lo que aumentó la deuda de EEUU ante el país asiático.

Inconformes y molestos, los estadounidense impusieron restricciones a las exportaciones chinas, a pesar de que en 2008, las empresas estadounidenses gracias al "segmento chino" obtuvieron beneficios por un monto superior a los 218 mil millones de dólares, una nueva cifra bastante importante.

Es decir, antes de la crisis, las relaciones comerciales entre EEUU y China fueron mutuamente beneficiosas. Pero hoy por hoy, es necesario cambiar de modelo. Por ejemplo, aumentar exportaciones a China, porque el mercado chino es el único en capacidad de encauzar la economía mundial en la senda del crecimiento.

Estamos hablando del país que en 2009 fue el primer exportador mundial, y por el volumen de su economía, en 2010 China ocupará el segundo después de EEUU.

Pekín también se dio cuenta de la necesidad de cambiar el modelo existente, ya que por ejemplo hoy en día, a China le corresponde tan sólo cuatro céntimos de cada dólar de los beneficios obtenidos por las ventas mundiales de calzado deportivo de marca Nike fabricado en este país.

Ante esta situación, el país asiático empezó a comprar marcas comerciales extranjeras y hasta empresas. Volvo es el ejemplo más conocido, pero hay otros casos como Lenovo y otros. Por el momento, EEUU y Europa intentan frenar este proceso. Pero ¿cuánto tiempo podrán continuar resistiendo?

Hasta el momento, Pekín ha invertido en el exterior 200 mil millones de dólares, una cifra colosal que significa que China es uno de los mayores inversores del mundo, un socio con el que no se puede bromear. Especialmente cuando apenas 17 mil millones del capital chino se invirtió en EEUU y la Unión Europea. Es como si los chinos les hubiesen dicho: "si no queréis, pues no invertimos". Ahora parece que EEUU y la UE si quieren.

Este tipo de asuntos no tiene nada que ver con negociaciones comerciales. Son conversaciones estratégicas porque definen de nuevo el eslabón clave de las relaciones económicas internacionales.

A propósito, parece que el foro de Pekín también puso fin a las fricciones entre EEUU y China respecto al tipo de cambio de la moneda china, yuan, que Estados Unidos considera infravalorada. En esencia, fue un contencioso inventado, ya que a partir de 2000, Washington redujo la tasa de cambio del yuan frente al dólar en un 21%.

Con esta constatación, se pudo poner punto final a la polémica, si no hubiese ocurrido el recién desplome del euro. Devaluar la moneda para estimular las exportaciones fue la medida lógica emprendida por lo europeos para potenciar el crecimiento tras la crisis. Es evidente que esto molestó a EEUU y China y como vemos, en este sentido los dos países comparten intereses comunes.

A juzgar por la situación actual, se puede afirmar que ya pasó a la historia el agravamiento de las relaciones entre Washington y Pekín como el ocurrido el invierno pasado.

Las polémicas en torno a la libertad de acceso a Internet, la empresa Google, el suministro de armas a Taiwan, la visita del Dalai Lama a la Casa Blanca, dieron la impresión de que todavía estábamos en los años 90 y que el fuerte y poderoso EEUU mediante sus armas ideológicas intentó presionar a China, pero esas impresiones duraron muy poco.

Es evidente que los dinosaurios políticos estadounidenses (republicanos de extrema derecha, etc.) todavía viven de ilusiones del siglo pasado, o sea, la lucha de EEUU contra el totalitarismo chino por la democracia y otras ideas por el estilo.

En calidad de enemigos ideológicos de EEUU, más oportuno sería eligir a otros países menos importantes, aunque también eso es peligroso. Irán o Corea del Norte tampoco son las opciones más convenientes, ya que en estos casos se afectan los intereses de China.

A propósito, para esos políticos estadounidenses, Rusia es otro blanco para declarar que el mundo no ha cambiado y que por eso hay que poner a George W. Bush de nuevo en el poder. Pero aquí se da la misma situación, porque Rusia coordina su política con China, y en esto radica su influencia.

En resumen, podemos afirmar que el dialogó entre la primera y segunda potencias mundiales en Pekín fue un buen ejemplo de que la lucha de ideologías paulatinamente está perdiendo su protagonismo en las relaciones internacionales

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