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13 abr. 2008

SOBRE “LOS VENDEPATRIA” COMO INTRODUCCION A LA ECONOMIA EN PERON. Escrito por Alberto Buela

Perón descubre las técnicas de dominación del imperio y contrapone su propuesta económica justicialista, sintetizada en la idea de "capitalización popular."
Gentileza de Rebanadas de Realidad
SOBRE "LOS VENDEPATRIA" COMO INTRODUCCION A LA ECONOMIA EN PERON.

Por Alberto Buela (*)
26/07/06

Dentro del cuadro de las obras completas del Gral. Perón, el presente trabajo sobre Los Vendepatria -que lleva como subtítulo Historia de una traición- ocupa un lugar de privilegio no sólo por el tema que desarrolla (es el único escrito económico stricto sensu) sino además por la índole de los autores que intervienen (es un escrito que, de hecho, pertenece a dos autores).

El mismo Gral. Perón señala al comienzo del capítulo primero: "agregamos también algunas informaciones y juicios producidos por personalidades que, como el doctor Scalabrini Ortíz, no son políticas sino simplemente patriotas, que no pueden permanecer impasibles mientras se está llevando a la ruina al país y al Pueblo a la desesperación".

A decir verdad, estas informaciones ocupan literalmente la mitad del libro.

El trabajo que comentamos tiene dos partes bien determinadas.

La primera, que se ocupa de estudiar el desastre económico provocado por la Revolución Libertadora, abarca el capítulo primero.

La segunda, que cubre el resto del libro, estudia el desbarajuste político (capítulo segundo y tercero), descubriendo los elementos y técnicas de dominación de los imperialismos al par que se le contrapone la propuesta económica del justicialismo, sintetizada en la idea de "capitalización popular" (capítulo cuarto).

Finalmente, en el último capítulo, se ocupa de la desmitificación del ideario de la Revolución Libertadora.

Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que Los Vendepatria es un trabajo que tiene una doble paternidad.

La primera mitad, donde se estudia la entrega económica del país a los consorcios británicos, llevada a cabo durante el período que media entre el golpe de estado de septiembre del 55 y las elecciones de Frondizi, en julio del 57, está constituida por una recopilación de artículos de Scalabrini Ortíz aparecidos en la revista Qué. Y una segunda mitad, elaborada enteramente por Perón.

El capítulo primero, que conforma toda la primera parte, comienza analizando el Informe y el Plan Económico de Raúl Prebisch.

Este Plan será conocido después en lograda expresión de Don Arturo Jauretche como El Estatuto legal del Coloniaje.

Raúl Prebisch, que representa según Perón el prototipo del cipayo, es decir, amanuese que desde la función pública sirve a los intereses del imperialismo por beneficios pecuniarios (pp. 165 y 214), presentó al gobierno de la Revolución Libertadora, de la que fue su primer ministro de economía, el Informe, cuya proposición fundamental se resume así:

"Básicamente Prebisch considera que ha sido tan arruinada la producción agropecuaria del país por el desarrollo demasiado apresurado de la industria. Señala al respecto que en las crisis económicas de 1890 y 1931 la agricultura y la ganadería se mantuvieron intactas, mientras que ahora se hallan en malas condiciones".

Este Informe no hace otra cosa que confirmar la vieja tesis del Imperialismo británico, expresada por su vocero Canning, de pretender mantener al país en un permanente estado agrícola-pastoril: Argentina debe ser el granero del mundo.

Las consecuencias del Informe Prebisch fue el reemplazo de la inteligencia nacional por asesores y organismos extranjeros como, por ejemplo, Franz Taurer, para el agro, o la CEPAL de la que había sido su último director el mismo Prebisch.

Asimismo influyó en la elección de los asesores, que se redujo prácticamente a los agentes telúricos de los grandes monopolios internacionales: Eugenio Blanco, Alvaro Alsogaray, Adalberto Krieger Vasena, Cueto Rua, Laurencena, etc.

El capital extranjero fue presentado como un mágico curalotodo; fueron anulados los convenios bilaterales, de país a país: se desvalorizó el peso a menos a la mitad:

"Inmediatamente el doctor Prebisch con el pretexto de dar un valor estable a la moneda argentina desvaloriza el peso a menos de la mitad.

El dólar que costaba uniformemente $ 7,7 a los importadores, pasa a tener un valor mínimo de $ 18.

Actualmente el peso argentino en el juego de los distintos cambios, porcentaje de retención y monto de los aforos, tiene más de 50 valores comerciales.

Las desvalorizaciones de la moneda van a ocultar la desvalorización de los productos argentinos.

La carne que se vendía neto fob a 404 dólares la tonelada, el segundo semestre del 55, bajó a 280 dólares en el último trimestre de 1956" (p. 56).

El desmantelamiento de grandes industrias como, por ejemplo, Mercedes Benz, Alpargatas.

El fabuloso negociado con los frigoríficos ingleses Anglo, Swift, Smithfield, el aumento de la inflación, del costo de vida y de la deuda externa, la emisión monetaria descontrolada, la depresión del salario real, las importaciones superfluas como televisores y whisky, el contrabando institucionalizado con la creación de una frontera interna en el paralelo 42.

Son estos algunos de los frutos de "Raúl Prebisch a quien el gobierno revolucionario entregó los más absolutos poderes económicos. ¿Se ignoraban sus antecedentes?

¿Se había olvidado su participación en la formulación del Pacto Roca-Runciman, su actuación como Gerente del Banco Central de Sir Otto Neimeyer, o su defensa de los intereses extranjeros en el escándalo de la carne?" (pág. 81).

Triste historia la de un país desmemoriado como el nuestro que, a pesar de todo lo realizado en detrimento de la Nación Argentina por un personaje como Raúl Prebisch, sea éste el principal asesor económico de Alfonsín.

O ¿será acaso, nos preguntamos, que este gobierno social-demócrata bajo una máscara progresista, permisiva y democrática tiene encubierto el viejo proyecto imperialista de dominación?

Al menos el principal asesor económico no varió.

La metodología expositiva de esta primera parte consistió en que, "Con la palabra y el juicio de nuestros propios enemigos, hemos tratado de presentar un panorama objetivo de la economía argentina, que en los dos últimos años ha sido azotada por la más terrible tempestad de negociados y falsedades que conozca la historia del país.

Todo ello ha sido más una consecuencia inmediata de la recolonización emprendidas por las fuerzas y los intereses del imperialismo británico, que los errores, las pasiones y los intereses de la oligarquía reaccionaria y las fuerzas pretorianas que han posibilitado una traición inconcebible a la Patria.

Es indudable que este desplazamiento de la "Metrópoli" para dar cabida a los intereses nacionales, en contra de lo que venía sucediendo hacía más de un siglo, produjo gran descontento en Londres, a través de la palabra de los grandes consorcios financieros de la City.

La oligarquía argentina, obsecuente servidora de sus amos, preparó la reacción, interesando a la Marina y comprando a sus Jefes y oficiales, para provocar la caída del Gobierno Constitucional y reimplantar el estado de explotación colonial que reinaba antes de 1946, en que el Pueblo eligiera su propio Gobierno sin el fraude que había caracterizado todas las elecciones argentinas". (pág. 125)

El capítulo segundo, de sólo tres páginas, se ocupa de relatar el desmantelamiento de las organizaciones sindicales y de la Fundación Eva Perón -de carácter privado-.

En nuestra opinión se deben rescatar de aquí dos opiniones permanentes del Gral. Perón.

Una, cuando fija el tipo de lucha que debe llevar a cabo la Resistencia cuando afirma: "Es indudable que la insurrección de los trabajadores es un hecho, máxime si se considera que reciben la ayuda de las organizaciones peronistas insurreccionales, que cuentan con elementos en las fuerzas armadas. Sólo que, por las circunstancias especiales de la característica de su lucha, la decisión no ha de buscarse por una batalla decisiva de conjunto, sino por millares de pequeños combates librados todos los días en todos los lugares y en cada una de las ocasiones".

Y la otra opinión sostiene, como solución concreta a la lucha de clases, la "posibilidad de capitalización y ahorro popular" en una palabra, la difusión de la propiedad a todos los trabajadores.

El capítulo tercero, que lleva por título El desbarajuste económico, es en primera parte una panoplia de consejos directivas políticas.

Dignas de mención encontramos:

a) "La fuerza del peronismo radica en que la línea intransigente que sostiene esta en la propia naturaleza del desarrollo histórico, en tanto que las otras tendencias viven y obran en el plano estrictamente político...Y, por ser éxitos meramente políticos, su signo en el tiempo y en el espacio es la fugacidad. El quehacer político solo puede adquirir vivencias cuando tiene como sustento a la línea histórica".

Se marca claramente la diferencia que hay entre política de coyuntura "política nacional".

b) "Como se ve, se trata de fabricar una Constitución y un Gobierno Constitucional mediante procedimientos inconstitucionales.

En la política, los errores cometidos al comienzo de los acontecimientos difícilmente pueden ser corregidos en todo el curso de su desarrollo; por eso los que proceden mal a menudo sucumben víctimas de sus propios malos procedimientos".

Menta el viejo adagio del "maestro de los que saben", como fue bautizado Aristóteles por Dante, cuando aquél, al comienzo del tratado Sobre el Cielo, dice: "Un pequeño error al principio es grande al final".

c) "El terror impuesto por la dictadura, mediante el empleo de los métodos persecutorios más despiadados, ha hecho que su autoridad haya desaparecido -el pueblo ha perdido ese temor- y que su poder se haya perdido, ya que el poder, es como la riqueza: si se derrocha, poco tarda en desaparecer". (p. 140).

Rescata el principio de "economía de fuerzas" que debe guiar a todo conductor en el ejercicio del poder.

d) "Difícilmente una revolución y una reforma como la que nosotros hemos realizado puedan consolidarse en una sola generación...si nuestras realizaciones han sido grandes...lo es mucho más por lo que hemos enseñado a hacer, y muchos millones de peronistas están en la lucha para asegurar el porvenir".

Nos recuerda aquel viejo consejo chino que dice "Si queréis que un hombre coma no le des pescado sino más bien enseñadle a pescar".

e) "A nosotros ya no nos interesan las elecciones sino como un medio para el logro de nuestros objetivos. Debemos estar espiritualmente decididos y prepararnos minuciosamente para la acción: La revolución social".

No hace más que confirmar el carácter antiliberal de la naturaleza del peronismo.

Llegados a la segunda mitad del presente capítulo, el autor emprende la caracterización del comunismo y el capitalismo en la Argentina.

Difícilmente se encuentre en toda la obra de Perón una definición política más concreta del fenómeno comunista.

Citemos para ellos el comienzo del parágrafo cuarto: "Hemos querido dedicar un capítulo especial a este tema por la importancia que tiene en sí y porque el comunismo siempre trabaja para sí en cualquier situación política, y el "caldo de cultivo" es mejor cuando más desfavorable es la situación social y económica y más caótica es la situación política: de la misma manera que ellos progresan cuantitativamente en los ambientes de represión violenta como ha sucedido con la dictadura argentina".

Vemos cómo el comunismo está definido no a nivel ideológico, que es la trampa con la cual el marxismo soviético, esteriliza la acción política de los intelectuales anticomunistas, sino que está definido en tanto que praxis revolucionaria para la toma del poder que no repara en los medios para conseguir su objetivo.

El desenmascaramiento de esta praxis política lleva a denunciar a renglón seguido parte de los instrumentos que la misma utiliza.

Y así denuncia al diario The New York Times, "insidiosamente al servicio de la prédica inconfesable y simulada del comunismo internacional", a la táctica de los Frentes populares; a la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA); a la Confederación Latinoamericana de Trabajadores (CLAT).

Una vez caracterizado el comunismo y puesto de manifiesto algunos de los instrumentos de que se vale, pasa a exponer la solución propuesta por el peronismo: "Cuando nosotros creamos la doctrina justicialista y pusimos en ejecución sus postulados desde el Gobierno Constitucional, capitalizando al pueblo y asegurando a sus hombres el acceso a la propiedad privada, en poco tiempo casi terminamos con los comunistas...Unos de los terribles errores del comunismo es precisamente la supresión de la propiedad".

Una vez más vuelve sobre la idea-fuerza de "capitalización popular y difusión de la propiedad privada" como solución propuesta por el peronismo.

Idéntica va a ser la respuesta con relación al tema de el capitalismo en la Argentina, que ocupará el sexto y último parágrafo del capítulo tercero.

Así pues, afirma: "En el sistema capitalista el pueblo no tiene acceso a la propiedad, y su capitalización es algo poco menos que inalcanzable en las condiciones actuales de la organización capitalista del trabajo. ¿Qué le importa a un trabajador el derecho romano y la propiedad si él sabe que son cosas que le están prácticamente vedadas? Cuando el comunismo le dice que la propiedad es un prejuicio burgués y que el Estado debe ser el único propietario en beneficio de la comunidad, es lógico que el obrero acepte esto como natural, desde que él considera una injusticia (como en realidad lo es) su miseria en medio de la abundancia".

La capitalización del pueblo les dio acceso a la propiedad privada y abrió los horizontes hasta entonces desconocidos de la felicidad y la tranquilidad".

El capítulo cuarto, que lleva por título "Vendepatrias y cipayos", comienza con la definición a pie de página de estos tipos políticos.

Así, vendepatria será el político o personaje influyente prefabricado que, desde el Gobierno entrega el país, mientras que cipayo será el amanuense que desde la función pública sirve a los intereses del imperialismo.

El objetivo de este capítulo es la desmitificación de "una caravana de mentiras ofrecidas en "frases hechas" que ha logrado tergiversar verdades económicas, sociales y políticas".


a) El mito de la libertad.

A través del cual "el imperialismo simula la defensa de la libertad individual mientras se dedica a ejercer la esclavitud colectiva" (p. 167).

Para nosotros, en cambio: "Hay, pues, una libertad fundamental, la colectiva, y otra que es su consecuencia, la individual. Ello es indiscutible desde que nadie puede presuponer hombres libres en una nación esclava".

b) La mentira de la democracia.

''Con la libertad y la democracia ocurre lo que con la generosidad: muchos quieren que los demás la practiquen a fin de hacer más provechoso su egoísmo".

"La Democracia Moderna, como en los tiempos de la demos griega, ha pasado ha ser una forma "tabú" de calificar países y gobernantes a piacere, pero no con el idealismo ático sino con cartiginesa intención...La democracia moderna también ha sido influenciada por la era de hipocresía que vivimos. No interesa ser democrático sino parecerlo...No es que yo crea en las virtudes infalibles de la democracia, ni que me sume al coro de tontos que creen que una palabra puede salvar al mundo... Para nosotros la democracia es hacer la felicidad del pueblo en tanto se realiza la grandeza de la patria, sin incidir en la desgracia ajena. Por ello hay que hacer lo que el pueblo quiere y no defender otros intereses que los del pueblo".

c) El pretexto de la opinión pública.

Bajo este sofisma se sostiene que "la opinión pública es la mejor de las opiniones..."Pero lo que realmente sucede con la "opinión pública" es que los políticos inmorales la giran en su beneficio cuando su propaganda no ha conseguido engañar suficientemente al Pueblo".

d) El cuento de la libertad de prensa.

"En el mundo hay sólo dos grandes cadenas de diarios, revistas y órganos publicitarios diversos: los que responden a la tendencia occidental, dirigidos, manejados y financiados desde la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), con sede en Nueva York, y los diarios rusos que funcionan desde Moscú por órganos oficiales de propaganda...Así, los órganos independientes, que en pequeño número funcionan en algunos países, si no se avienen a la "unanimidad" de la información producida por las agencias internacionales, son condicionados a través del alejamiento de sus avisadores por medio del boicot a que son sometidos por los grandes órganos. A esto se llama ahora libertad de prensa".

e) Los trucos de la economía.

"Al considerar los aspectos económicos deseamos presentar los "trucos" más o menos ingeniosos de que se valen actualmente los economistas de las metrópolis para lograr sus fines, de la misa manera que hemos presentado los trucos políticos de la "libertad", la "democracia", la "opinión pública", la "libertad de prensa", etcétera, con que los políticos metropolitanos pretenden "engatusarnos".

La cooperación económica. "El sistema (capitalista) no existe para repartir beneficios. Este es uno de los primeros trucos del sistema de prestidigitación económica de uso corriente.

Mediante este hecho la descapitalización se ha acentuado en muchos países (sobre todo latinoamericanos) agravando el problema".

Si la cooperación económica no se hace sobre la base de intereses mutuamente convenientes para el que da y el que recibe ella es un instrumento más para la consolidación de la dependencia de aquel que recibe la ayuda económica.

La creación de la gigantesca deuda externa iberoamericana, entre los años 1977-1982, no hace otra cosa que confirmar este "truco de la economía".

E insiste Perón al respecto: "La América Latina no se encuentra descapitalizada porque sus poblaciones no hayan sabido ahorrar y capitalizar, desde que el capital es trabajo acumulado y aquí se ha trabajado mucho, sino porque los vendepatria han actuado en forma de permitir nuestra descapitalización".

2. El aporte de capitales.

Ello es conveniente siempre y cuando, a través de leyes apropiadas, se asegure la nacionalización de parte de los beneficios permitiendo su evasión al exterior.

Sobre el particular se sostiene:

" La reforma del sistema financiero y bancario argentino del Gobierno Justicialista puso fin en 1946 a este lamentable estado de cosas, estableciendo que lo que el país necesita son capitales de trabajo y no de especulación.

En su mayoría, los consorcios capitalistas que actuaron en el país, con la complacencia culposa de los gobiernos, fueron empresas que utilizaron maniobras especulativas con grave quebranto para la capitalización de la Nación Argentina.

Muchas de ellas, que ingresaron con diez o ciento veinte millones de pesos en bienes de capital con su garantía, recibieron crédito de los bancos argentinos hasta por cien millones, con lo que formaron un capital de giro de ciento diez o ciento veinte millones de pesos, es decir, diez veces el que aportaron.

Con el aporte de ese dinero argentino giraron utilidades sin límite a su propio país de origen, repatriando generalmente en el primer año el capital importado y descapitalizando al país en cada nuevo ejercicio en una cantidad semejante.

Era una manera inicua de descapitalizarnos, utilizando nuestro propio dinero mediante el recurso del crédito y con "el cuento del aporte de capitales".

3. La economía libre.

"La economía no es ni ha sido nunca libre, ni en lo interno ni en el orden internacional.

El concepto con que se califica a la economía es uno de los trucos a que nos venimos refiriendo en este capítulo: "libre", significa dejar hacer en lo interno lo que los grandes consorcios capitalistas desean, sin que el Estado, que al final será el responsable, pueda intervenir en defensa de la economía popular. En lo que se refiere al comercio internacional, "libre", quiere decir una plaza indefensa donde el capitalismo internacional pueda operar discrecionalmente para expoliar al país".

En una palabra, "La característica saliente de la economía dirigida consiste en la suplantación del precio económico (que obedece a la ley de la oferta y la demanda) por el precio político, que se fija de acuerdo a las conveniencias estatales o populares".

4. Los empréstitos.

Son créditos que conceden los países poderosos de los cuáles solo llega una mínima parte.

Se contrata en moneda extranjera, con lo que desde ya se pierde un alto porcentaje por la sobrevaloración del papel de referencia con respecto al oro, que es el último criterio que fija el valor de la moneda extranjera.

Así, "si se considera que el prestatario no recibe dólares oro, ni dólares libres papel, sino créditos, es decir, órdenes de compra, la pérdida comercial se acentúa por el hecho de perder la posibilidad de utilizar la concurrencia para bajar los precios".

Ejemplo de ellos es que nuestro primer empréstito con la firma inglesa Baring Brothers, por un millón de libras esterlinas, haya costado a la Argentina más de diez millones de la misma moneda.

5. El Banco Central.

Es una institución creada en la República Argentina el 6 de junio de 1935 (uno de cuyos directores fue Raúl Prebisch) a instancias del Banco de Inglaterra que envía como representante a Sir Otto Neimeyer y que se compone por tantos directores como presidentes de bancos extranjeros hay en plaza.

"En otras palabras, los valores, la moneda y los créditos argentinos eran manejados desde el exterior por intermedio de este personal".

En este sentido, "la reforma justicialista comenzó por integrar el Directorio del Banco Central con representantes del Estado, de la Producción, la Industria y el Comercio, y lo colocó bajo el control administrativo del Ministerio de Finanzas...La nacionalización de los depósitos y la promoción, a través del crédito, de las actividades más convenientes y necesarias para la expansión económica del país serán dos rasgos que caracterizan la concepción justicialista del Banco Central".

Finalmente, terminada la enumeración sucinta de algunos de los "trucos de la economía", Perón se detiene, una vez más, en exponer la propuesta económica del Justicialismo, sintetizada en la idea fuerza de "la capitalización del pueblo".

Y así sostiene: "Entre las conquistas populares que el Justicialismo propugna, la capitalización del Pueblo es una de las más importantes. Por consecuencia, es con las realizaciones de este tipo que la dictadura reaccionaria se ha ensañado con mayor empeño.

Por eso, la desposesión de todo lo popular ha sido el programa que con mayor maldad ha realizado esta banda de depredadores".

Es sabido que tanto en el sistema colectivista como en el capitalista, el hombre del pueblo no tiene acceso a la propiedad privada, ni le es posible capitalizar por el ahorro.

En el colectivismo por razones obvias.

En el capitalismo porque sus salarios, los sueldos y la falta de previsión social, hacen imposible tal capitalización.

Los sistemas de explotación realizan sus cálculos de manera que el asalariado obtenga por su trabajo escasamente lo que necesita para subsistir, aún privándose de muchas cosas de relativa indispensabilidad.

Si él quiere ahorrar debe hacerlo sobre sus necesidades o su salud.

Esa falta de acceso a la propiedad y a la capitalización por el esfuerzo es uno de los factores que más han gravitado en la disconformidad de las masas de asalariados y una de las causas principales de su desviación hacia el comunismo.

En el fondo, la propiedad y la capitalización son el nudo gordiano en la diferencia de los sistemas.

Si al propietario le está vedado prácticamente el derecho de ser propietario de nada por su escaso poder adquisitivo, ¿qué interés puede tener en defender una propiedad que para él es inalcanzable?

Si a ese hombre del Pueblo le es imposible la capitalización por la misma causa, ¿por qué ha de defender al capital que él solo lo ve como enemigo y el instrumento de su explotación?

Comprendiendo esto, el Justicialismo realizó, durante el Gobierno Constitucional, una legislación apropiada tendiente, precisamente, a evitar los males del abuso y la injusticia, buscando por todos los medios la capitalización del Pueblo.

Se comenzó con el ahorro voluntario, mediante salarios apropiados: el resultado fue que la Caja Nacional de Ahorro Postal - que es el banco de los pobres- pasara de un volumen de depósitos de trescientos millones de pesos en 1954.

A ello le siguió con el ahorro obligatorio (no otra cosa es la jubilación que la Argentina ha llegado al sistema universal, de manera que todos los habitantes estén cubiertos en sus riesgos de vejez e invalidez.

Ello representa, en cierta forma, una capitalización.

Los planes de la vivienda propia abrieron el acceso a la propiedad privada para todos los componentes del Pueblo Argentino que (mediante un plan, pagando lo mismo que por un alquiler de sucio "conventillo") podían hacerse su propia vivienda mediante el sistema hipotecario, abonado en largo plazo.

Las cajas de Jubilaciones, entidades económicamente poderosas, realizan también planes de construcción de viviendas para asociados.

Así en los diez años de Gobierno Constitucional, más de medio millón de familias proletarias pudo realizar el "sueño de la casa propia".

Perón aquí va a ser terminante: "Fuera de estos sistemas, el acceso al crédito bancario, bajo el aforismo justicialista de "prestar dinero al que no tiene dinero y no al que tiene", permitió que muchos obreros y empleados se instalaran por su cuenta y progresaran tanto en la industria como en el comercio.

Yo desearía preguntar a los que, de palabra, luchan contra el comunismo, ¿qué hombre que tiene ahorros en el banco, posee una jubilación que le cubre riesgos imprevistos, que habita su casa propia y además tiene sus aspiraciones amparadas para progresar honestamente, se va a hacer comunista?

Es claro que, al preguntar esto, me refiero a la masa, porque hay comunistas ricos, que los son por "snob" o porque sacan ventajas del comunismo".

Comentando este sustancial parágrafo, nosotros hemos sostenido, hace ya algunos años en un trabajo a propósito de la propuesta económica peronista y su diferencia esencial con la social-demócrata, cómo para el justicialismo en la remuneración debe incluirse, además del salario, una parte reservada a la capitalización del trabajador que representa un ahorro real.

Ahora bien, este ahorro era válido en el 43-55 porque no había inflación que lo licuara.

Pero actualmente, dado que en nuestro país el poder adquisitivo del salario disminuye día a día, debemos transformar el ahorro en inversión productiva.

Tenemos que crear un mecanismo adecuado a tal efecto.

Ello puede hacerse creando fondos de inversión por rama de producción.

"Estos fondos patrimoniales estarían constituidos por acciones de carácter privilegiado -laborales (que obligan a la empresa respecto del obrero) y no por acciones de riesgo y ordinarias, como se podría equivocadamente pensar. Las mismas serían emitidas por las empresas que producen el mismo tipo de producto o brindan el mismo servicio. Cada trabajador recibirá parte del fondo de inversión de su ramo por la cantidad proporcional a sus haberes como sobre sueldo al salario básico. De modo que año tras año el ingreso del trabajador estará compuesto por su salario, tal cual lo fije el contrato, más el rendimiento de los fondos que tiene bloqueados como capital, el que no podrá negociarse durante la vida activa del obrero, y que al jubilarse lo recibirá en efectivo constante. Estos fondos de inversión al acrecentarse con el producido promedio de todas las empresas del ramo, no están sometidos a ningún riesgo de pérdida o disminución, sino que año a año se beneficiarán con el incremento del producto bruto de la rama de producción, la cual tiene además una estabilidad extendida en el tiempo que garantizara su vigencia.

Por otra parte, el capital, que constituye estos fondos de inversión, es un factor de reactivación y equilibrio económico, que permitirá la creación de un capital obrero nacional que posibilitará, de una vez y para siempre, la independencia económica por todos anhelada" (1).

La administración de los fondos debe estar a cargo de los cuerpos orgánicos de la rama de producción, como son los sindicatos y la cámara empresaria respectiva, además de un representante del gobierno, cuya función sea eminentemente conciliatoria de las partes.

En una palabra, ello restauraría de alguna manera lo realizado por el justicialismo en su primera época y que fuera destruido sistemáticamente por la Revolución Libertadora.

Al respecto, el Gral. Perón sostiene: "Comenzó (la dictadura) por incautarse y luego confiscar de la manera más injusta a las cooperativas obreras de producción, mediante las cuales los gremios eran los propietarios y los obreros accionistas de sus propias industrias o empresas de producción". (p. 298).

Como no escapará al lector atento, la propuesta justicialista es de "participación en la propiedad", lo que la distingue sustancialmente de "autogestión o cogestión" se agota en una "participación en la gestión empresaria".

En una palabra, si el problema de la propiedad es la diferencia esencial entre los diferentes sistemas económico-políticos, para el justicialismo ésta no se agotará en manos de unos pocos, como pretende el capitalismo liberal, ni en manos del Estado, como sostiene el marxismo soviético, sino que la solución al problema de la propiedad es no su anulación, ni su restricción, sino su difusión a todos los hombres.

Y ello es así porque, como muy acertadamente sostuviera Hegel: "la propiedad privada es condición necesaria para la existencia de la voluntad (hombre) libre" (2).

Sin propiedad no hay libertad, sin libertad no hay hombre.

Ella es uno de los rasgos constitutivos de su naturaleza.

Termina el capítulo denunciando "la falsedad como sistema", desde "la mentira de las Naciones Unidas", lo de la "libertad y la democracia", lo del "respeto a las autonomías y la libre determinación de los pueblos", etc.

"El mundo actual es un caos porque de la simulación (la voluntad ideológica supone enmascaramiento) no puede esperarse situaciones claras sino estados irreales y confusos".

Sigue luego denunciando a las internacionales obreras que están siempre al servicio de alguno de los imperialismos, sea la Confederación de Trabajadores de la América Latina, sea la Federación Internacional de Sindicatos Libres.

Son estas últimas páginas terribles por el patetismo de la denuncia.

Sería de desear que muchos de nuestros actuales dirigentes sindicales, que no dejan de "coquetear" en cuanto cualquiera de las organizaciones internacionales de trabajadores los invita a "viajar y hablar", leyeran estas páginas para tomar conciencia de los espurios intereses que se mueven detrás de las opíparas comidas y costosos congresos a donde los suelen convocar estas aparentemente filantrópicas organizaciones.

Que no se apresuren a integrar las comisiones directivas por el hecho de figurar y pensar que se vuelve a la Patria con más prestigio por el cargo con que ha sido ungido.

El quinto último capítulo se ocupa de la desmitificación del ideario de la Revolución Libertadora.

Y así se suceden los apartados sobre la "dictadura y la historia", en donde una vez más Perón reitera la adscripción del Justicialismo a la línea histórica hispánica que pasa por los caudillos y Rosas, en contraposición de la línea Mayo-Caseros a la que se vincula la Revolución del 55.

Parágrafos sobre "la dictadura y el pueblo", la "dictadura y yo", "la dictadura y el Justicialismo" y "la dictadura y el gobierno", todos ellos tendientes a mostrar que la fuerza del peronismo radica en la propia naturaleza del desarrollo histórico de la conciencia nacional, por lo cual toda actividad política que no enraice en la línea del desenvolvimiento histórico de los pueblos será vana y fugaz.

Es por ello que "los justicialistas pensamos en la "Hora de los Pueblos", porque las ideologías modernas de la humanidad evolucionan hacia las formas populares y porque es la inclinación natural de nuestras conciencias ciudadanas".

El sentido de la historia para el Gral. Perón, como para Hegel, no es otro que el avance de los pueblos en la conciencia de su libertad, y en este sentido, el aporte del Justicialismo con relación al pueblo argentino e hispano-americano es incuestionable.

AB/


 
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